Todo estaba oscuro, hacía frío, la lluvia caía de una forma violenta, y sofocaba cualquier otro ruido. No sabía bien como había llegado hasta ese lugar pero sabía exactamente cual era mi destino, debía llegar a mi casa, alguien necesitaba mi ayuda urgentemente. Esperé a ver si la lluvia paraba, pero ni siquiera parecía tener intenciones de hacerlo. Entonces me puse la capucha, agarré la linterna, miré el celular una vez más para comprobar la señal, y nada, me resigné, y lo guardé en el bolsillo de mi chaqueta. Me paré y salí a caminar, sin saber bien hacia donde iba, mis pies parecían estar bastante seguros de su orientación, así que alumbrándome con mi linterna empezé mi camino.
Habrán pasado 15 minutos que vi una luz, una luz muy tenue, casi imperceptible a través de toda aquella oscuridad y lluvia, pero fue suficiente para ubicarme, estaba en el pueblo en el que había pasado toda mi niñez. Aquel pequeño y humilde pueblo llamado Waking Harbor, un montón de recuerdos inundaron mi mente, toda mi niñez, mis amigos, mi madre y mi padre, las playas, esas salidas, todo parecía tan próximo, como que si el tiempo nunca hubiera pasado. Al salir de mis pensamientos, y volver a la lluvia insoportable que no dejaba de caer, seguí caminando. Ésta empezó a caer con más fuerza, un viento muy fuerte azotaba todo mi cuerpo, así que aceleré el paso, a unos 10 metros logré ver una casa pequeña, de madera, me pareció raro que las ventanas estuvieran cerradas con maderas por afuera, pero aún así, me acerqué, y toqué la puerta. Para mi sorpresa, ésta estaba abierta y sin más preámbulos entré.
La casa parecía abandonada, solo unos muebles apolillados habían quedado, así que tranqué la puerta con una mesa que había cerca, me encimé contra una pared y me dormí. Vaya sueño tuve, rodeada de oscuridad, una mujer pedía ayuda, yo trataba de ayudarla pero no la veía, no podía ayudarla, luego un golpe seco, y los gritos cesaron.
Me desperté y la puerta seguía trancada, me asomé a la ventana y me asombró ver que seguía lloviendo con la misma intensidad, pero algo andaba mal, y no era muy difícil notarlo, mi celular había quedado sin batería pero fácilmente podría decir que eran las 10 de la mañana y no había ni una sola alma en el pueblo, es más, era como si nada se hubiera movido desde la noche anterior.
Ya con la luz del día, inspeccioné mejor la casa, y encontré una gabardina negra, que aprovechando la situación no me venía mal, así que me la puse y salí de la casa. 10 minutos caminé bajo la lluvia, hasta que vi a una persona parada de espaldas a mí en el medio de la calle, no tenía muchas opciones así que me acerqué, mi corazón se aceleró y subió hasta mi garganta al darme cuenta que dicha persona sostenía un cuchillo ensangrentado en la mano derecha.
Al ver eso, quedé helada, no sabía como reaccionar, hasta que dicho individuo se volteó me vió y salió rápidamente hacia mí, yo salí corriendo en dirección opuesta, y para mi asombro, dos personas más estaban detrás mío, en mi desesperación salí corriendo despavorida, abrí la puerta de la primer casa que ví, la tranqué y rezé porque la puerta aguantara a aquellas tres personas. Subí las escaleras y entré a lo que parecía un dormitorio, me escondí dentro de un ropero, y traté de normalizar mi respiración, pero de repente, un golpe seco golpeó la puerta de entrada, seguido de tres o cuatro más y el mueble no aguantó. Sentía los pasos en el piso de abajo, recorrían enérgicamente cada rincón de la casa, tirando todo y golpeando cuanta cosa se encontraban. Con el corazón en la boca, sentí como subían las escaleras y abrían la puerta del dormitorio, podía sentir su respiración, las gotas de agua chocando con el techo, rezaba porque éstas últimas sofocaran el ruido de mi respiración, uno de ellos se acercó al ropero, pensé que iba a morir de un ataque al corazón cuando éste simplemente caminó fuera del cuarto.
Sentí como mi corazón bajaba las revoluciones cuando sentí el golpe de la puerta de abajo, esperé 5 minutos más por las dudas de que alguno siguiera adentro y salí del ropero. Bajé lentamente las escaleras y agradecí a dios por ser la única persona dentro de la casa, me dirigí a la cocina, comida en un total estado de descomposición por todas partes, mi estómago rugía del hambre, así que encontré una lata de algo que parecía comida para perro y como pude me alimenté. No tardó mucho en caer la noche, así que me dirigí al cuarto de arriba, tranqué la puerta con el ropero y me acosté en la cama, pensando nuevamente todo lo que había pasado en el día me dormí, y el mismo sueño otra vez más apareció en mi mente, pero esta vez yo veía a esa mujer, esa mujer era mi madre, y cuando yo me acerqué a agarrar su mano simplemente desapareció, sentía sus gritos, pedía ayuda y yo no podía hacer nada, me desperté de un salto en la cama, lo único que escuchaba era la lluvia que golpeaba violentamente el techo, todo seguía intacto, así que volví a vestirme, y salí de la casa, esta vez, con más precaución. Traté de ubicarme a ver si podía encontrar lo que estaba buscando, y reconocí la calle en la que yo jugaba en mi infancia, y para mi sorpresa, aquella persona armada había estado parada en esa misma calle, mirando hacía mi casa el día de ayer. Me acerqué, la puerta estaba trancada, así que entré por la puerta de atrás. Ni bien entré un sentimiento de tristeza y desesperación me sofocó, caminé hacia las escaleras, lo que yo buscaba estaba dentro de mi habitación, parada enfrente a la puerta, dudé por un segundo de abrirla o no, pero ya había llegado muy lejos, que podía perder?.
Ni bien toqué la puerta, una avalancha de recuerdos inundó mi mente, esa escena de mis sueños, cobraba algo de sentido, yo salía de mi cuarto, bajaba las escaleras, todo estaba muy oscuro, no podía ver, me dirigía a la cocina y agarraba algo. Volví a la realidad bruscamente, abrí la puerta y tuve que hacer un gran esfuerzo por recordarme a mí misma como respirar, en la habitación no estaba yo sola, tirada en una esquina de la habitación, una niña de pelo rubio, y lacio, llorando ahí a unos pasos míos, caminé hacia ella, llevaba un vestido blanco manchado de rojo, y una vez más casi tengo un infarto, al darme cuenta que había un cuchillo tirado al lado de su mano derecha. De repente, la puerta de entrada de la casa se abrió de un golpe, sentí los pasos, ellos venían a por mí y a por la niña, mi deber era cuidarla, era sacarla de ahí no sé como pero yo sabía que debía hacerlo, así que sin pensarlo tomé la niña en mis brazos, agarré el cuchillo y salté por la ventana de la habitación. Al caer, en el jardín de la casa, me paré con la niña en brazos, un gran dolor en el tobillo me hizo perder el equilibrio, pero juntando todas mis fuerzas salí caminando lo más rápido que pude, escuché los gritos desde la casa, la puerta golpeándose, aquellas tres personas nos perseguían, no había salida. Entonces me paré, dejé a la niña en el suelo, le pedí que no se moviera, y con el cuchillo en mano me di vuelta a enfrentarme a nuestros enemigos, aquellas personas estaban rodeados por una especie de manto de oscuridad, sólo uno de ellos llevaba un arma, los dos desarmados saltaron hacia mi, me defendí como pude, apuñalando al primero dos veces en el pecho y una vez a la otra en el pecho, ambos quedaron en el suelo, y cuando me di cuenta, un dolor enorme en el brazo derecho, el otro individuo me había atacado, traté de defenderme clavandolé el cuchillo en el brazo con el que empuñaba el cuchillo. El soltó su arma, y se arrodilló en el suelo del dolor, yo tomé el cuchillo del suelo y lo clavé en su espalda. No podía creer lo que acababa de hacer, asesiné a tres personas de manera brutal, toda mi ropa estaba manchada de sangre, estaba mareada por la cantidad de sangre que había perdido de la herida del brazo, miré a la niña y esta me estaba mirando a los ojos, yo conocía a esa pequeña rubia de ojos celestes, ese vestido, era idéntico al que yo usaba para dormir en mi infancia, tenía el mismo lunar arriba del labio que yo, y me abrumó la realidad de mis palabras, esa niña era yo, y ahí todo volvió a su lugar, ese sueño, yo había bajado las escaleras hacia la cocina a buscar un cuchillo, recuerdo volver a subir, dirigirme al cuarto de mis padres y apuñalar a mi padre mientras dormía, mi madre se despertó, gritaba que la ayudaran, esos gritos, me producían una sensación incomparable, era como si sus gritos fueran música para mis oídos, pero empezaban a ser molestos, así que la silencié de una vez por todas, y para siempre. Volví a la realidad, aquellos tres hombres, no eran hombres, sino que dos de ellos eran mis padres, había asesinado brutalmente a mis padres, pero quien era la tercer persona?, destapé su cara, y grité como nunca antes lo había hecho, esa tercer persona era yo, nada parecía tener sentido, del mareo caí al suelo, había perdido un montón de sangre, ya no sentía el frío de la tormenta, al contrario, sentía un inmenso calor.
De repente, la imagen cambió, estaba dentro de una habitación, acostada en una cama, las sábanas estaban manchadas de sangre, mi propia sangre, en mis manos sostenía un cuchillo, el dolor del hombro volvió de repente, como una apuñalada, un sentimiento de paz inundó mi mente, dejé de sentir el calor de la habitación, el cuchillo se resbaló de mis manos, dejé de sentir el dolor del hombro, lo único que me quedaba era paz, sentía como mi cuerpo se apagaba, las imágenes de mis manos pequeñas, manchadas de la sangre de mis padres volvían a mi mente, todo pasó muy rápido, mis ojos se cerraban, sentía como dejaba este mundo, como todo terminaba.
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